Es curioso, muchos de nosotros pasamos gran parte de nuestra vida molestos por el trabajo que tenemos, por el horario a cumplir, por el poco tiempo que nuestro entorno profesional nos permite disfrutar de nuestra familia, por el jefe que tenemos, por su intolerancia ante nuestros problemas, por el ascenso que no llega, por el exceso de responsabilidad, por su falta...Pero más curioso es, al abordar una acción formativa, encontrarte con profesionales (cualquiera que sea su posición en la organización) que ante la pregunta: ¿Quién eres?, sólo son capaces de dibujarse como aquello de lo que siempre están huyendo, "el profesional".
¿Dónde está la familia? ¿Y sus inquietudes? ¿Cuáles son sus fortalezas personales? ¿Con qué debilidades me enfrento cada día? ¿Qué posición ocupan los hijos, padres, cónyuges? ¿Sabemos qué nos permitiría ser mejores personas? ¿Conocemos nuestras debilidades, somos capaces de enfocarlas hacia nuestra total potencialidad?
Cuando tomamos conciencia que el profesional es una extensión más de la persona, muchas veces es demasiado tarde, y hace tiempo que dejamos de prestar atención a nuestro entorno más próximo, que tanto contribuyó a que fuésemos "mejores personas".
Erróneamente hablamos de las habilidades directivas como exclusivo fruto del aprendizaje y la experiencia, olvidando que las mismas no convergen hacia resultados si no parten del Autoconocimiento completo del ser humano, integrando la parcela personal a la profesional.
Conocernos implica aglutinar nuestros esfuerzos en la búsqueda activa del "por qué", del "qué nos mueve" a seguir adelante, alertar qué consigue menoscabar nuestro ánimo y combatirlo, conducir nuestras emociones hacia el éxito y configurar el marco adecuado para desarrollarnos completamente.
En el Autoconocimiento tenemos una ventaja competitiva para construir profesionales que no tengan miedo de perder el origen de lo que ahora son, y que sepan crecer generando valor a través de sus fortalezas y debilidades.
“Es evidente. Conocerse a uno mismo es la tarea más difícil porque pone en juego directamente nuestra racionalidad, pero también nuestros miedos y pasiones. Si uno consigue conocerse a fondo a sí mismo, sabrá comprender a los demás y la realidad que lo rodea.”.
Alejandro Magno
Hola Ana
ResponderSuprimirEnhorabuena por el artículo
Reducir nuestra identidad a nuestra profesión es reducirnos a una herramienta. A una pieza dentro de una maquinaria.
Si nuestra vida es nuestra profesión, cuando nos retiremos o nos quedemos sin empleo nos quedaremos vacíos, sin identidad, sin alma.
La vida está llena de muchas cosas que nos enriquecen, una de ellas es el trabajo. ¿Por qué renunciar a las otras?
Un abrazo desde Madrid
Muchas gracias Jose Luis. Me quedo con tu pregunta final, ¿Por qué renunciar a las otras?
ResponderSuprimirUn abrazo.
Ana
Ana,
ResponderSuprimirFelicitarte por dos cosas, por tus reflexiones que nos obligar a re-pensar de otra manera y por tu últimos curso de venta emocional, que me han dicho que ha sido todo un éxito!!!
A partir de ahora voy a incluir dentro de las preguntas tontas dirigidas a los niños (al lado de la infame "a quién quieres más...", la de "qué quieres SER de mayor... ya que no deja mucho espacio a que un niño se exprese diciendo : feliz, papá o una buena persona,
Un abrazo y sigue compartiendo
Eva
Mil gracias Eva por tu siempre valioso apoyo.
ResponderSuprimirUn abrazo
Ana
Buenos días, ANA
ResponderSuprimirComo siempre acertaday certera en tus propuestas.
Un abrazo