martes 12 de abril de 2011

El Tiempo. Por Ana del Pino

El tiempo es esa magnitud que inexorablemente forma parte de nuestra vida, afectando nuestro aprendizaje, nuestras decisiones, nuestras fuerzas y nuestro proyecto personal.




Dicen que el tiempo nos hace más sabios, más cautos, con más autocontrol, más acertados en los caminos que elegimos... ¿podemos ser más emocionalmente inteligentes a medida que el tiempo pasa?




Siento que en ocasiones es el espejo el único que nos ilustra sobre los efectos que el tiempo ocasiona en nosotros, porque a pesar de nuestras vivencias, conflictos, oportunidades de mejora... solemos perder preciosos minutos en banalidades, dejando de ser autocríticos y de vivenciar una proyección futura distinta a la que conocemos.




Cuando algunos, en un día cualquiera, abordan la introspección como parte de su automejora, empieza a valorarse el tiempo perdido, y es cuando la frustración y el arrepentimiento salen a escena. Parece que ese tiempo que caminaba con nosotros, puede tomar vida propia y plantarnos cara, haciéndonos conscientes de cómo somos y si esta visión nos agrada.




El tiempo es esa herramienta sutil que en ocasiones nos permite afrontar la realidad y emprender con entereza el camino, haciéndonos cuestionar nuestra habitual manera de actuar, y dejando a un lado aquellos pequeños conflictos que en algún momento nos situaron en un escenario equivocado.




También es el tiempo el que establece una línea divisoria, otorgando capacidad para ser o no eficaz a las personas, en función de la posición que ocupen de la línea. La belleza, la edad… no dejan de ser variables que a medida que el tiempo crece, toman relevancia y adquieren la potestad de eliminar fortalezas en las personas, aunque las mismas prevalezcan. Lo más injusto y a la vez sorprendente, es que somos nosotros los que establecemos las variables, y tarde o temprano, esas variables también serán las que medirán nuestra capacidad.




Siempre tenemos opciones, siempre existe la posibilidad de liderar en la gestión del tiempo, aunque a veces ejercer este liderazgo, sea una labor que nos llegue demasiado tarde.

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