El tiempo es esa magnitud que inexorablemente forma parte de nuestra vida, afectando nuestro aprendizaje, nuestras decisiones, nuestras fuerzas y nuestro proyecto personal. Dicen que el tiempo nos hace más sabios, más cautos, con más autocontrol, más acertados en los caminos que elegimos... ¿podemos ser más emocionalmente inteligentes a medida que el tiempo pasa?
Siento que en ocasiones es el espejo el único que nos ilustra sobre los efectos que el tiempo ocasiona en nosotros, porque a pesar de nuestras vivencias, conflictos, oportunidades de mejora... solemos perder preciosos minutos en banalidades, dejando de ser autocríticos y de vivenciar una proyección futura distinta a la que conocemos.
Cuando algunos, en un día cualquiera, abordan la introspección como parte de su automejora, empieza a valorarse el tiempo perdido, y es cuando la frustración y el arrepentimiento salen a escena. Parece que ese tiempo que caminaba con nosotros, puede tomar vida propia y plantarnos cara, haciéndonos conscientes de cómo somos y si esta visión nos agrada.
El tiempo es esa herramienta sutil que en ocasiones nos permite afrontar la realidad y emprender con entereza el camino, haciéndonos cuestionar nuestra habitual manera de actuar, y dejando a un lado aquellos pequeños conflictos que en algún momento nos situaron en un escenario equivocado.
También es el tiempo el que establece una línea divisoria, otorgando capacidad para ser o no eficaz a las personas, en función de la posición que ocupen de la línea. La belleza, la edad… no dejan de ser variables que a medida que el tiempo crece, toman relevancia y adquieren la potestad de eliminar fortalezas en las personas, aunque las mismas prevalezcan. Lo más injusto y a la vez sorprendente, es que somos nosotros los que establecemos las variables, y tarde o temprano, esas variables también serán las que medirán nuestra capacidad.
Siempre tenemos opciones, siempre existe la posibilidad de liderar en la gestión del tiempo, aunque a veces ejercer este liderazgo, sea una labor que nos llegue demasiado tarde.
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